Capítulo 3

Un ruido cargante inundaba la sala. No había casi iluminación y lo poco que se podía ver en la densa oscuridad que cubría la habitación era gracias a las pequeñas bombillas de los ordenadores que aún funcionaban.

Se abrió la puerta y entró un robusto joven cuya barba aún no poblaba completamente su cara. Tras él, un pequeño perro lo seguía olisqueando el suelo.

- Venga, sal fuera. Sabes que no puedes estar aquí – le indicó Crimar a su perra Kora señalándole con el dedo la puerta de entrada a la sala.

Kora dio media vuelta y salió de allí. Tras ella, Crimar cerró la puerta y se sentó en una silla de escritorio, cerca de una mesa con un ordenador y varios monitores. Pulsó un botón del teclado y se encendió el primero de ellos. En él se mostraba un mensaje que decía “Energía restante: 3d 5h 34m”. Como un acto reflejo, Crimar miró su reloj que marcaba las 18:26.

- Mierda. K.N.L, responde. – dijo acercándose a un pequeño micrófono que asomaba en la mesa de escritorio.

K.N.L era un súper ordenador dotado de inteligencia artificial que ayudaba a Crimar en todo lo que éste necesitaba. Actualmente se dedicaba a calcular las provisiones de energía y comida de la vivienda de Crimar, además de otras muchas funciones.

- “Bienvenido Crimar, ¿en qué puedo ayudarte?” – contestó una voz robótica que salía desde los altavoces.

- Necesito que incrementes la potencia de los generadores, por favor.

- “Está al máximo desde las doce horas y trece minutos. ¿En qué más puedo ayudarte?”

- ¡Vuelve a comprobarlo! – gritó Crimar mientras golpeaba con fuerza la mesa de escritorio.

- “Comprobando… Calculando… La energía restante de todos los generadores será útil durante tres días, cinco horas, treinta minutos y cuarenta y cinco segundos. ¿En qué más puedo ayudarte?” – contestó K.N.L.

Crimar pulsó otro botón del teclado y se encendieron dos monitores más.

- Muéstrame la cantidad de alimentos de la reserva y realiza un mapeado de los almacenes, supermercados… cualquier lugar que pueda tener reserva de alimentos.

- “Reserva de alimentos escaneada. Alimentos suficientes para subsistir con tres comidas diarias para un humano adulto y un pequeño mamífero carnívoro durante doce días. Recomiendo deshacerse del mamífero o considerarlo como una fuente de comida.”

- Vete a la mierda, trozo de chatarra inmunda.

- “Buscando en mis registros no he encontrado la localización exacta del punto marítimo o terrestre conocido como mierda. Sin embargo, si te refieres a una definición de un lugar malo, oloroso u oscuro, podría decirse que ya estoy en él, Crimar.”

- Cállate y prosigue con el mapeado que te he pedido. – espetó Crimar en tono serio.

En el tercer monitor que se había encendido apareció un mapa de la ciudad con distintos puntos rojos destacados.

- “El mapa actual muestra la ciudad con los almacenes que pueden contener alimentos.”

El mapa cambió y ahora los puntos estaban amarillos.

- “Según mi historial, el nuevo mapa muestra los lugares donde ya has buscado reservas.”

Por último, el mapa se quedó sin puntos de referencia.

- “No se han encontrado lugares con reservas alimentarias cercanas a la posición actual. ¿En qué más puedo ayudarte?”

Crimar cerró los ojos y se empezó a rascar el pelo corto que poblaba su cabeza.

- Desconexión.

- “Hasta pronto, Crimar”. – contestó K.N.L.

Se levantó de la silla y consultó un mapa de la ciudad que tenía pegado en la pared. Tras esto, en una libreta empezó a escribir datos ordenados en una lista. Arrancó la hoja, pasó su mirada por la sala y abrió un armario empotrado en la pared.

De él sacó una mochila grande que cubría casi toda su espalda. Era de un material especial que se adhería al cuerpo y no se notaba el peso de su interior.

Salió de la sala y atravesó un pequeño pasillo hacia la cocina. En el camino, Kora apareció a su encuentro y lo siguió como siempre solía hacer. Siempre que podía, claro.

Estaba todo muy desordenado y había restos de comida por todas partes. La limpieza no era su fuerte precisamente.

Abrió la nevera y empezó a llenar la mochila mientras consultaba la hoja de papel. Aprovechó la ocasión para comerse una salchicha cruda de la que le dio la mitad a Kora.

- Disfruta ahora que puedes, no sabemos que nos espera fuera. – le susurró mientras observaba como se la engullía literalmente y se relamía el hocico.

Abandonó la cocina y abrió otra puerta con la que se podía acceder a unas escaleras subterráneas. Bajó y se vistió con un traje “auto-reparador”. Mientras se lo ponía empezó a leer la etiqueta.

“Oferta de última promoción. Compre este traje y no tendrá que comprar más ropa. Se auto-limpia, auto-repara y regula la temperatura corporal de la persona según las necesidades del momento. No se arrepentirá”

- Parece que la moda dejó de existir ya hace algún tiempo. – comentó Crimar en voz alta mientras se miraba en un espejo.

Abrió un armario que estaba a la derecha del espejo y de él sacó un pequeño dispositivo junto a una pistola Beretta, tres cargadores y varias cajas de balas. Volvió a subir a la planta superior de la casa. Guardó todo lo que había cogido en la mochila y entró de nuevo en la sala de ordenadores.

- K.N.L responde. – dijo de nuevo acercándose al micrófono.

- “Bienvenido Crimar, ¿en qué puedo ayudarte?” – contestó la voz robótica.

- Nos vamos.

- “Recibido, realizando portabilidad en dispositivo K.N.L externo en segundo plano. ¿En qué más puedo ayudarte?”

Se levantó de la silla, cogió un vaso de agua y se volvió a sentar alejado de los monitores. Todos los que estaban apagados se encendieron y se mostraban como una única imagen.

- Lee mis memorias. Pero no leas todas, tan sólo el resumen general. – dijo mientras bebía varios tragos pausados de agua.

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